Un teléfono inútil (segunda parte) …

Te despides de la bonita estampa del géiser y el currante con su bocadillo, no sin antes recordar que la zona donde habitas padece una fuerte sequía y que para más chiste el Gobierno pretende dar de beber a la población con vasitos de agua, llámense barcos también, sin mas dilación te diriges a tu garaje para tomar el vehículo, ya que tu trabajo no mil eurista (con ello no quiero decir que cobres más de mil, es fácil deducir entonces) te obliga a desplazarte 100 km diarios de ida y otros 100 km de vuelta, de modo que se puede decir que fácilmente pasas más tiempo en la carretera que en tu casa, incluso en alguna ocasión te planteaste la idea de comprarte una caravana y plantarla delante las oficinas de tu trabajo, pero va a ser que no, aunque resultaría muy práctico también tendría sus contras, como que el jefe podría venir a buscarte con sólo bajar a la calle, así que lo descartas.

Después de casi dos horas de tránsito, el día que tienes suerte, llegas a tu trabajo, pero entonces empieza una misión imposible, en verdad peor a las que tuvo que enfrentarse Tom Cruise, que es encontrar un hueco y se acompleja en la medida que llegas más tarde. Luego de haber dado cincuenta mil vueltas encuentras un

hueco, parece un milagro, pero no te lo piensas antes que alguien se avance a ti. Acto seguido te bajas del vehículo y como si fueras a ganar mucho tiempo te pones a correr como un desesperado/a, llegas delante la puerta de tu trabajo y es en aquel momento que uno/a siente esa sensación tan desagradable en la garganta ¿Estaré acongojado/a? Sin duda, para el colmo sabes que para llegar a tu puesto de trabajo tienes que pasar por delante del despacho del jefe. Entras sigilosamente como si de un ladrón se tratase, te incordia la chica de la recepción con un “buenos días”, y no es que ella tenga la culpa, después de todo es una persona educada, pero sabes que te delatará tu fallido intento de pasar desapercibido/a, aún así le respondes “buenos días” en voz bajita para corresponder, acordándote de todo lo que te ha sucedido en lo que va de mañana y piensas que de bueno no tiene nada. Te agachas como una cucaracha en tu ánimo de al menos poder llegar a tu sitio de trabajo sin ser visto por el jefe, cruzas su puerta y escuchas que está hablando con alguien, dices BRAVO! Así al menos no me verá. Iluso/a de ti no sabes que ha llamado al jefe de personal para hablarle de ti, un día que te duermes de carrerrilla y lo has pillado con un humor de perros. Después de una escena tal como “La delgada línea roja” consigues alcanzar tu silla, sentarte y n

o pasa ni un segundo, que escuchas algún compañero/a decirte: “Eh, te has dormido ¿No?” Como si tú no lo supieras. Enciendes tu ordenador, recoges los papeles que dejaron en tu mesa e intentas poner un poco de orden y prioridad para gestionarlo, ya termina de encenderse el programa de nuestro “querido” Bill y miras al recuadro inferior derecho (si donde hay el reloj), te cagas en todo y dices: “Diós” me podía haber quedado en casa, la una y media de la mañana y para ti el trabajo acumulado es como si fuesen las nueve, jo jo jo que gracia te hace. En ese instante ves que alguien sale del despacho del jefe y sabes que pronto caerá tu cruz … No es así, ni sale, ni te llama, el jefe parece muy atareado, o quizás no se ha dado cuenta!!!

Roseta telefónica

Transcurren dos horas en las que te enfrescas frenéticamente delante del ordenador, con energía desbordada para atrapar al menos lo que tenías pendiente para hoy. Empiezas a ver que la gente se levanta, es signo inequívoco que se van a comer, tu apuras un poco más el tiempo, y entre todo esto sigues pensando que raro que tu jefe no te haya mencionado nada. La oficina se vacía por momentos y te apuras un poco más para terminar lo que estás haciendo, en ese momento recuerdas que tenías que llamar a un cliente esa mañana, es uno de los buenos, dices: “MIERDA”, sin pensarlo, abres la agenda del ordenador y seguidamente coges el teléfono, y algo te trunca … NO HAY TONO!!! Estás sin línea, como un tonto/a intentas colgar y descolgar el teléfono varias veces, como si de algo sirviese, definitivamente te agachas para ver si esta conectado en su roseta, como no lo alcanzas te metes debajo la mesa intentando alcanzarla y encuentras un cable suelto y piensas: “¿Quién habrá sido el cabrón que me ha desconectado esto?” Tanta mala fe no puede existir, así que terminas pensando que ha sido la inocente mujer de la limpieza que en su descuido lo desconectó. Mientras intentas reconectar el cable telefónico debajo de tu mesa, escuchas un: “Buenos días!” en ese instante te quedas helado/a, reconoces la voz de tu jefe, y piensas que no podía pillarte en mejor posición, por un momento imagínense que su jefe les pilla culo en pompa tumbados en el suelo y debajo de una mesa, sin comentarios. Como puedes te levantas, y le contestas: “Buenos días”, es entonces cuando suelta el comentario que esperabas escuchar cuando has llegado: “Parece que ha llegado tarde”, le respondes con un: “si” acortado, ya ni siquiera te molestas en intentar explicarte, porque te tomaría por loco/a. De nuevo se reanuda la conversación y tu jefe te dice: “Esperaba que al menos me tomara el teléfono cuando usted ha llegado, porque le he llamado, tres o cuatro veces y no me contestó ninguna de ellas”, se puede cortar el ambiente con cuchillo, si le dices que tenías la roseta desconectada y que no has llamado al cliente te matará y si no se lo dices te matará igualmente, porque es política de empresa tomar el teléfono antes del tercer toque, no va en tu forma de ser mentir pero en situación tan comprometida no sabes ni que hacer, te encomiendas a Diós y pides que te salve, que ya te ha castigado suficiente esa mañana. Entonces surge un milagro, tu jefe te dice: “Es verdad, usted llegó tarde y no lo sabía, ayer por la tarde vinieron a reparar la centralita de llamadas y olvidaron reconectar los teléfonos”, por un momento piensas estoy salvado y le respondes: “Ahora entiendo”, y él te dice: “Pero eso no quita que usted no llamase al cliente”, caca de vaca ya la has pifiado, te va a pegar un bronca que hará historia sin embargo cuando ya no lo esperas, él te dice: “Bueno, vaya a comer, y luego ya seguirá”, después de todo tu jefe no es tan malo piensas, él se marcha, tú recoges tus cosas y haces lo mismo.

~ por Neoshinji en 30 Mayo, 2008.

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