Un teléfono inútil (primera parte) …
Está a la orden del día disponer de un teléfono móvil, que sin con cámara, reproductor … y quinientas mil chiqui chorradas que en definitiva desvirtúan el verdarero origen el télefono móvil como imprescindible. Lo admito, de hecho, me resistí hasta las últimas para tenerlo, sencillamente no me gustaba eso que me pudieran localizar a todas partes, y con ello no significa que me tenga que esconder, pero ¿Dónde esta la magia de intentar saber donde se encuentra una persona o sencillamente volverte medio loco buscándola?

Además el móvil no deja de ser un gasto innecesario, por mucho que la gente se enteste en decir que es necesario, escuchen, cuando yo era más pequeño, y no hace tantos años, si no tenías este trasto te ibas a una cabina y solucionado, pero no, queremos comodidad y eso tiene un precio. Además en mi caso termino teniendo un teléfono móvil para olvidarlo casi siempre cuando salgo de casa, con lo que la gracia de la “movilidad” se va toda al traste. Sólo me regocizo en un hecho y es que de momento, sigue siendo el primero, y por el momento toquemos madera sigue funcionando, pese a haberme caído en multitud de ocasiones, incluso de un coche en marcha ¿Que les metían los de Nokia a estos teléfonos para ser como una piedra? Yo desde luego me alegro, pronto cumplirá 5 años y sigue batallando. Seguro que si me leyera algún vendedor de telefonía móvil pensaría que si hubiera muchos como yo se les acaba el negocio fijo, defintivamente así lo creo, soy partidario de que mientras puedas seguir utilizando algo ¿Porqué debes cambiarlo? Maldita ansia consumista … en fin.
Toda esta introducción me servirá para contaros la historia que viene a continuación.
Son las seis de la mañana, debes levantarte para ir al trabajo, si aquél que te da para cobijo, comer, vestir y te permite algunos lujos, aunque verdaderamente con los tiempos que corren de lujos nada, a no ser que ustedes consideren un lujo, un paquete de pipas o dátiles deshuesados.
La última vez que se fue la luz descubriste que tu viejo despertador, con más de 15 años a sus espaldas, se le había agotado la pila para no perder la hora, tan pocas ganas tenías de ir a comprar un recambio que sencillamente optas por desenchufarlo y en adelante utilizarás el teléfono móvil como despertador, dado el poco uso que le das, al menos hará algo útil, piensas. Iluso de ti, programas el teléfono la noche anterior y tan tranquilo lo dejas encima de la mesita confiando ciegamente que ese triste y pequeño aparatito te avisará como hacía tu madre como cuando eras pequeño. Horrorizado te despiertas sintiendo que has dormido mucho, lo percibes algo no va bien, la reacción inmediata en tu matutino desespero, coger como un despavorido el teléfono, porque recordemos el reloj sigue en la mesa, pero sin luz … no alumbra mucho, sientes que los ojos te pican porque aunque has dormido no fue lo suficiente, te enviciaste hasta las tantas de la madrugada y no precisamente viendo telebasura en televisión, sinó que te quedaste escribiendo en tu blog o leyendo uno ajeno, en ese entre abrir y cerrar de ojos intentas ver la hora en el teléfono y ante tu mirada se hace algo patente, el maldito teléfono, que no tiene la culpa de nada, se ha quedado sin batería y se ha muerto!! Olvidaste conectarlo antes de acostarte y el hecho es que ya no puedes hacer nada. Innombrables son los reniegos y palabras que acuden a tu mente en ese instante que aún sin saber que hora es del cierto, intuyes ciertamente que es tarde, el mayor indicio de todos, ese haz de luz matutino que atraviesa tu ventana, que nunca llegas a ver porque te marchas antes que aparezca y el odiado martillo neumático que esta machacando la acera delante de tu casa. Aún recomponiendote del susto, te levantas de tu cama y corres al armario, agarras una toalla y te aceleras como un poseso/a hacia la ducha, con todo esto ni siquiera te has molestado en mirar la hora, ya no te importa sabes que es tarde que mas da. Te quitas el pijama como puedes, si llevas, abres el grifo y mientras aguardas que salga el agua caliente, te das cuenta que olvidaste traer contigo el champú, sales del baño por él y en el momento de cruzar la puerta sientes el estremecedor invierno en tus carnes, tu piso no tiene calefacción o si la tiene no puedes permitirte ese lujo de encenderla. Vuelves bajo tu ducha y parece que ya empieza a salir la bendita agua caliente, te enjabonas con tal velocidad que superman parecería una tortuga a tu lado y cuando estás lleno de jabón en cuerpo y champú en tu cabeza ocurre una de las peores cosas que puede pasarte … SI! Empieza a salir helada el agua del grifo, y no es porque tu madre esté limpiando los platos o porque tu hermano tiró de la cadena, pues ellos aún tienen la suerte de poder dormir, sino que se terminó la querida “bombona” de butano con lo que tu calentador de agua literalmente se apagó. No te queda otra que salir de nuevo, bajar al rellano de tu casa y tomar el reemplazo para cambiar la dichosa bombona, con las prisas por querer hacer todo esto, saliste sin toalla ni nada, vamos estás como cuando tu madre te trajo al mundo, pero más grande, ya no quieres ni pensar si te ve algún vecino, sencillamente da igual. Vas por encender el calentador, otro que tiene ya sus años y la chispa no va muy fina, no encuentras ni cerillas, ni encendedor que funcione, te cagas en todo ser viviente porque se hace aún más tarde. Finalmente le das una última oportunidad al chisporreo del calentador y milagrosamente se enciende, aleluya suspiras. Como una flecha te metes en la ducha, pero con tanto tiempo el pelo casi se te ha secado con el jabón, te encabronas contigo mismo y de nuevo recuerdas al culpable del movil, como puedes te estás quitando el jabón y en ese instante ya ocurre el colmo de lo que podía pasarte, de repente el precioso flujo de agua se detiene y tu como una comadreja te quedas atónito/a, sin saber que hacer por unos instantes, sales un momento de la ducha y pruebas los grifos del baño tampoco funcionan, piensas que sólo esto puede pasarte a ti, se ha conjurado el mundo esa mañana para no permitirte nada, ni siquiera poder ducharte tranquilamente! Como puedes corres a la cocina, afortunadamente tienes agua embotellada, no te queda otro remedio que utilizarla para al menos terminar de “ducharte”, te secas y te vistes, en ese instante tomas el reloj de pulsera y ves la hora y no te da un patatús porque lo que te ha ocurrido en menos de 20 minutos es imposible que le ocurra a alguien. Te apresuras y sales de tu casa camino al trabajo, pero no sin antes toparte con un géiser delante de la puerta de tu casa, claro el desgraciado del martillo neumático se cargó la toma de agua, en ese instante buscas al sujeto en cuestión escaneas la zona, y lo ves todo tranquilo con su cerveza y bocadillo, al principio no se da cuenta, pero instantes después se puede decir que siente que lo atraviesas con tu mirada, no te demoras más porque ya llegas tarde al trabajo pero verdaderamente te quedan ganas de darle un par de óstias al susodicho y eso que no eres de naturaleza violenta o agresiva.
Espero y deseo que os haya gustado, hasta la próxima.



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